viernes, abril 17, 2015

DESPEDIDA DE SOLTERO (un monólogo del espacio)

Por favor, no me interprete mal, yo no tengo absolutamente nada en contra del matrimonio. De hecho, estuve casado una vez y, de la misma manera que a usted, mis amigos me organizaron una pequeña despedida de soltero. Sí, señor Hutchinson, aunque estudiara astrofísica en la Universidad de Winnipeg, yo tengo amigos.  ¡Y no todos son programas de ordenador, los hay hasta humanos! Bueno, como le iba diciendo, yo sé lo que son los ritos esos. En mi caso, tomamos unos ponches, fuimos a un local donde había chicas y, cuando apareció una vestida de Barbarella, me desmayé. Sí, no me mire con esa sonrisilla,  los psicólogos de la agencia me dijeron que es una reacción normal. Bueno, volviendo a las despedidas digamos más comunes, incluso he oído hablar de gente a la que le meten en trenes, sin dinero para comprar un billete de retorno. Pero, señor Hutchinson, esto es demasiado.

¡Sí, demasiado, lo suyo no es ni medio normal!  ¡Explíqueme ahora qué voy a hacer con usted! Porque ni se imagine que voy a llamar a la base, y que les voy a decir que me han metido un gilipollas en el módulo de mando. Ni que voy a cambiar la trayectoria ¡ni un solo grado! para que ese gilipollas llegue a la iglesia. ¡Y no me mire con esa cara de pánfilo del espacio! ¿Que no puede vivir sin perderse entre los ojos de su novia, sin rodearla con sus brazos, y sin practicarle cochinadas a la luz de la luna? ¡Pues coja un traje, salga y haga auto-stop! ¡Si tiene suerte, pillará un meteorito que vaya a la Tierra y, si hay más suerte todavía, ese meteorito librará a la Tierra de todos los mentecatos como usted!

Para que se entere, esta misión que usted pretende torpedear ha costado veinte billones de dólares. ¡Sí, billones, con b de beodo bastardo de Baltimore, que es lo que es usted! Y, lo que es más importante, ¡yo llevo años preparándome para esta misión que pretende torpedear! ¡Me costó el matrimonio, especie de tarugo cósmico!   ¡Tuve que elegir entre ella  e ir a Marte, y no dudé porque este era el sueño de mi vida! ¡Y yo la quería muchísimo! ¡Para que se entere, era preciosa! ¡Se parecía a la princesa Amidala!


Así que, querido señor Hutchinson, si quiere contraer matrimonio, lo único que puede hacer es esperar a que regresemos a Houston. Por cierto, creo que se me ha escapado. ¿Le he dicho que mi misión o, mejor dicho, nuestra misión, es establecer una base permanente en Marte? Pero, por favor, no me mire con esa cara, no estoy bromeando. ¿De verdad cree usted que la NASA se va a gastar veinte billones de dólares, con b de barbudo botarate de Boston, para que usted y yo nos hagamos unos “selfies” y clavemos una banderita en el suelo? ¡Eso es imposible! ¡Para que se entere, el contribuyente de los Estados Unidos de América nunca lo permitiría! Así que le recomiendo que haga algo útil y me ayude en mis investigaciones. 

Y, querido señor Hutchinson, si encontramos una bacteria u otra forma de vida en Marte, le prohíbo terminantemente que se case con ella. ¡Y, menos aún, que le hagan una despedida de soltero!

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