domingo, diciembre 18, 2016

INSOMNIO

Insomnio de fin de semana (Weekend insomnia), una aventura en dos episodios:
Episodio I (Friday on my mind): noche del viernes, tengo una cena de navidad con compañeros de impro. Salimos del restaurante a las tres, me despido de la gente, y voy andando tranquilamente a Moncloa, pensando en coger el autobús de las cuatro menos cuarto de la mañana. Cuando llego, me doy cuenta estupefacto de que me hecho un lío con los horarios, que el autobús para Majadahonda hace diez minutos que salió -si llego a haber impreso un ritmo más vivo a mi caminar, lo habría cogido-, y que el autobús que me dispongo a coger también me dejará en casa, pero pasando antes por Pozuelo, La Almunia de Doña Godina, Moenchengladbach, Timbuctú y las ruinas de Barad-dûr. Cuando llego a mi pueblo, observo encantado que los comercios empiezan a abrir sus puertas.
Episodio II (Saturday night fever): estoy en un maratón de impro que termina a las tres y media de la mañana (en el que por cierto, llevo a cabo mi viejo sueño de salir a escena haciendo de volcán en erupción). Para evitarme las cuitas con el transporte público del episodio anterior, he dejado el coche cerca (no en el templo de Debod, como fue mi costumbre durante años). Voy al coche, entro encantado en la carretera de La Coruña, pensando en la proximidad de mis sábanas y almohada, y al principio no hago mucho caso a los carteles que me advierten de que puede haber un problema más adelante, y que vaya despacio. Pero poco a poco el tráfico empieza a hacerse más denso, hasta que finalmente mi sueño de acabar en la cama se ve aplazado indefinidamente por un tapón en que se avanza con velocidad de caracol tripulado por Fernando Alonso. Los tres carriles de la carretera de La Coruña se van paulatinamente comprimiendo en uno, y tras varias horas formando parte de este interesante fenómeno observo que el motivo es que la Guardia Civil ha tenido a bien deleitarnos con un control de alcoholemia. Doy cero porque no me acercado a nada etílico en las últimas veinticuatro horas, pero miro el reloj y calculo que, con el tiempo que ha pasado desde que salí del maratón, de haber vaciado las destilerías DYC y la mitad de las de Johnnie Walker también habría obtenido el mismo resultado. Cuando finalmente llego a mi barrio, observo jubiloso cómo la gente se congrega en las iglesias con el fin de participar en los ritos dominicales.

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